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Diana Arias en BRINDAR!

Diana Arias es nuestra decimotercera invitada a BRINDAR! VERBO en el Palacio Duhau. Es periodista, escritora y autora de "Amores Inmigrantes" que reúne las historias de amor de los y las inmigrantes que poblaron la Argentina en el siglo pasado.


Diana reúne una amplia experiencia entre el ámbito de la educación, el periodismo gráfico y el liderazgo responsable. Oriunda de Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, desde pequeña supo que quería contar historias de personas con palabras de amor, a través de los detalles que hacen la magia. “Tengo un sueño: contar el mundo con historias de amor.” relata Diana.


Si querés ver la entrevista en formato video, podés hacerlo en nuestro canal de Youtube.


Con ustedes, Diana Arias.


Maximiliano Sardi: Estamos con Diana Arias, periodista y escritora, autora de este hermoso libro “Amores Inmigrantes”. Contame un poco cómo surgió la historia detrás de las historias de este libro.


Diana Arias: Maxi, si sabemos que 7 de cada 10 argentinos somos descendientes de inmigrantes, ¿cuántas historias de inmigrantes tenemos detrás de las puertas de los hogares argentinos?. Esta pregunta siempre me rondó y siempre me gustó la idea de dejar por escrito las micro historias, estas historias familiares que parecen de novela de nuestros antepasados, nuestros abuelos, que llegaron un día a Argentina queriendo construir un gran país y con un proyecto de vida, pero también con un tinte de desafío de desafío y de aventura que fui descubriendo y que dije “las quiero escribir”. Y así nació Amores Inmigrantes.


MS: La frase “venimos de los barcos” ha estado muy presente en las últimas semanas. Aventura sin dudas, subirse a un barco, emprender una nueva vida, a veces con lo que entraba en esas valijas. Unos que venían con familias y otros que, justamente, se conocieron en esos barcos. ¿Te tocaba en lo personal y ese es el disparador para contar estas otras historias?.


DA: Justamente, una de las 7 historias que escribo en el libro es la de Alfredo y Henriqueta, que son mis abuelos maternos. Desde chica, cuando iba a la casa de mis abuelos, había una caja de madera que yo la abría y había una pila de sobres amarillos con cartas y un collar de perlas. Me ponía ese collar, leía las cartas y me metía en la historia de amor de esas cartas, en esa memoria epistolar tan propia de la época, que me hizo descubrir una historia que no conocía porque nadie me la había contado y pensé que yo un día iba a escribir sobre eso. Un día, hablando, otros empezaron a decirme que tenía que conocer la historia de sus abuelos, que era increíble lo que vivieron, a lo que se animaron. Poco a poco fui construyendo varias de esas historias, hasta que llegué a siete y dije basta porque el libro, como lo vemos, ya era enorme. Quedaron pendientes muchísimas historias, pero te aseguro que las que están no tienen desperdicio, porque cada una es diferente de la otra, aunque tienen puntos en común porque la esperanza, el coraje, el trabajo, las ansias de progreso, están presentes en todas.



MS: ¿Había un deseo de ver de dónde venimos? ¿Hay una búsqueda romántica? Por ejemplo, me surge preguntarte cuántas veces viste Titanic, porque tiene mucho de eso.


DA: Sí, yo quise contar la micro historia, la vida cotidiana de estas personas. Estamos acostumbrados a leer, en la historia argentina, los datos duros de cuántos inmigrantes entraron, a qué países pertenecían quienes llegaban. Yo quería contar cómo era para una mujer de 20 años, que tenía que viajar dos meses en un barco con las ropas de esa época, con un bebé tal vez, cómo hacía, cómo se sentía cuando llegaba al Hotel de Inmigrantes, con quién se encontraba. Fui descubriendo, casi sin quererlo, la figura protagonista de la mujer en estas historias. Muchas veces nos cuentan que era el hombre el que venía a hacer la América y que le decía a su esposa “cuando yo consiga dinero para tu pasaje te lo envío y formamos nuestra familia en Argentina”. Con el libro pude ver el rol de la mujer, el espíritu de aventura, el riesgo, el conocer sus talentos para defenderlos y usarlos bien. Me hizo darme cuenta de la empatía de las mujeres, que estuvieron codo a codo forjando un destino.


MS: Me resaltabas las cartas y ese collar de perlas. Esos objetos que eran pocos y contados, porque hoy quizás tenemos muchos más, tenían toda una simbología, una historia detrás.


DA: Totalmente. Como vos decís, eran pocos y son tesoros de cada familia. Por eso, el libro también es una invitación a que cada uno también busque su propia historia, a que cuando lleguen hoy a casa pregunten cómo fue que sus abuelos llegaron a la Argentina y te prometo que se abre un mundo muchas veces apenas descubierto para nuestra generación, pero que tiene una importancia fenomenal, porque es legado, es herencia y nos permite identificarnos, no con esa imagen sobre el abuelo frágil o la abuela que nos espera los domingos para almorzar, sino con una mujer aguerrida de 20 o 25 años o de un hombre de 25 que dejó su tierra para tal vez no volver nunca más y se enfrentó a un nuevo mundo que era la Argentina.


MS: La dedicatoria del libro es a tu familia, a tus hijos. ¿Creés que esto es en parte hacia atrás, pero también hacia delante? Algo así como tu legado, no sólo en función de su éxito, sino también como libro perdurable con muchísimas imágenes que, imagino, debe haber sido lindo de curar también (muestra una de las imágenes).


DA: Esa es la historia de Nelly, una dinamarquesa que se vino divorciada a los 19 años, en 1917, con una bebé y que llegó hasta El Chaltén. En realidad al Monte Fitz Roy, porque el Chaltén no existía en ese momento. Vos pensá que si es difícil llegar ahora, lo que era en 1917. Ella dejó su vida en un momento que la sociedad no le abría las puertas porque estaba divorciada y se vino a trabajar de institutriz. Tenemos ejemplos sobrados que pueden inspirar y ese es también el legado que imagino puede dejar Amores Inmigrantes. No solamente a mis hijos, que conocieron esta historia de sus bisabuelos que no conocían, sino de estas siete familias que me honraron contándome esa historia y permitiéndome que yo la pueda escribir y tantos otros que se identifican. Me ha pasado de lectores de todo el país que me escriban para decirme que querían contarme su historia porque sus abuelos también se separaron y se encontraron ocho años después, como es el caso de Helena y Vinco. O la historia de una familia japonesa, que es una inmigración cuya historia no estamos tan acostumbrados a escuchar y que fue una de las historias que más me costó escribir en términos de que era la que más alejada tenía. Recién vos me decías que habré visto muchas veces Titanic y, cuando escribí la historia de Shizuko y Yorihiro, me pasó algo fuerte que tiene que ver con que el momento clave en el que ellos deciden venir a la Argentina es cuando caen las bombas de Hiroshima y Nagasaki. La versión que yo tenía es muy occidental, la de la película Pearl Harbor, y de repente estaba viviéndola en la piel Shizuko una joven de 20 años que estaba viviendo en Harbin, en China, que era parte de los territorios que Japón había anexado, previo a la Segunda Guerra Mundial, a su gran imperio del Sol Naciente. Cuando caen las bombas y tienen que huir de allí, fue toda una tragedia que pude vivir desde otro lugar. Fue también para mí un gran aprendizaje poder abrir mi corazón y mi mente a entender ese punto de vista.



MS: Sin duda se nota que le has puesto mucho corazón. ¿Qué te llevaste vos del libro? Además de verte reflejada seguramente o de sentirte, en algún momento, transportada. Creo que hay una búsqueda ahí, ¿no?.


DA: Terminé de escribir el libro en plena pandemia y, a pesar del aislamiento, te digo que yo viví en estos países. Ayer justamente me reuní con el Director del Jardín Japonés y me decía: “Diana no puedo creer todo lo que sabés de Japón”. Hoy en día, con las redes y con internet, aprendí sobre la geografía, el clima, las montañas, los caminos, las ciudades, cosas que en la escuela no las había aprendido y que, de repente, por este interés, me sentí transportada como bien decís. Me nació como un gran proyecto, una idea muy profunda, de contar el mundo con historias de amor. ¿Cómo no pensar que, en cada país, haya alguien que está relacionado con Argentina y que nos pueda contar, a través de su historia, cómo construyó nuestro país. Es algo que nació a partir de Amores Inmigrantes y que tiene mucho futuro.


MS: ¿Por qué te gustaría brindar?.


DA: Quiero brindar por el amor. Y cuando digo “amor”, no hablo del amor romántico e idealista. El amor es muy grande. El amor es esto que está pasando, que yo pueda estar contando algo que me apasiona y que a vos te brillen los ojos cuando yo te lo cuento. Que pueda pensar que, a partir de que el otro sea mejor, uno también va a ser mejor. De eso se trata el amor, de querer el bien y construirlo en base a valores.



MS: Es muy tangible, también. Lo que vos contas en el libro implica cruzar el océano, es como un camino hacia el oeste que, con los medios de locomoción de aquella época, deben haber sido varias semanas. Es como una epopeya en ese sentido y el libro tiene mucho de épico.


DA: Sí, como te decía, es un poco la memoria epistolar, las cartas. Si tienen cartas de sus abuelos en sus hogares, por Dios, cuídenlas porque es un gran tesoro poder tener, de puño y letra, registro de lo que estaba sintiendo esa persona hace 100 años quizás. Eso es lo que más luz les va a dar para conocer la historia real, porque nos pasó muchas veces que las versiones encontradas de los nietos o bisnietos, cuando íbamos construyendo las historias, llegábamos a un punto en el que de pronto aparecía alguien con una carta, por ejemplo el caso de Nelly, y poder leerla era como estar cerca de ella otra vez. Las cartas tienen esa intimidad del puño y letra que es irreemplazable. Lo mismo con las fotografías, anoten detrás de cada fotografía quiénes son, porque después se pierde y esa es un poco nuestra responsabilidad también.


MS: Muchas gracias, Diana, excelente libro.


DA: Muchas gracias a vos Maxi y excelente entrevista.


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