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Montecarlo x Paula Comparatore: recuperar un rincón histórico de Buenos Aires

Conversamos con la reconocida chef y restauranter sobre la puesta en valor del reconocido bar notable, ubicado en una mítica esquina del barrio de Palermo

A Paula Comparatore la caracteriza un tipo de búsqueda como gastronómica, que tiene que ver con honrar nuestras raíces culturales y culinarias. Su exploración está orientada hacia un análisis casi antropológico sobre los alimentos que consumían nuestros antepasados, qué productos había disponibles y cuáles fueron los aportes de las distintas oleadas de inmigración que llegaron a la Argentina. “Parte de mi inspiración proviene de descubrir cuál es nuestra soberanía alimentaria. Es sumamente importante aprender y divulgar el conocimiento sobre las materias primas que tenemos en nuestro país”, comienza a contarnos Paula. “Eso no solamente enriquece el recetario de cualquier persona, sino que amplía la cultura y colabora con las pequeñas economías de todo el país”


Con respecto a su vocación, Paula comparte que se siente muy representada por el rubro. “Siempre sentí que los restaurantes tienen mucho de recibir, dar cariño, hacer sentir cómoda a la gente y expresar cosas lindas. Las personas vienen justamente a eso, a disfrutar, y creo que esa es una de las cosas más inspiradoras”

En su búsqueda gastronómica, aparece Montecarlo, “una caja de inspiración en sí”, según Paula. Se trata de un bar notable que se construyó para ser utilizado como despensa y bar, en el año 1922. Situado en el corazón de Palermo Viejo, en la esquina de Paraguay y Ravignani, estuvo a cargo de la familia Lorenzo que provenía de España. El lugar funcionaba como una despensa, un quiosco, y un bar. Un bar, puntual y únicamente, para tomar café, en donde también vendían tortillas y sándwiches de jamón crudo. Fue desarrollándose con el correr de los años de la mano de los padres del dueño actual, José Lorenzo, y luego a cargo de su hijo Gerardo, que es músico y pintor.


Montecarlo cerró sus puertas en junio del 2020 y un año más tarde fue puesto en alquiler. El anuncio de la inmobiliaria reposaba sobre varios carteles: eran mensajes escritos por clientes y vecinos, que pedían por la reapertura del bar. Es ahí donde Paula Comparatore se encuentra con él, y comienza su travesía. “Lo ví en mis caminatas hacia “El Federal”, y empecé a soñar mudarlo a Montecarlo. Hice un poco de investigación para ver de qué se trataba y ahí descubrí que tenía una historia muy rica. Por ejemplo, que aquí venía Ernesto Guevara en sus épocas de juventud y que vendían la taza de café con leche más grande de la ciudad”. Paula agrega que en Montecarlo había un teléfono público y se formaban colas de personas que necesitaban hacer un llamado. En esa esquina también se encontraba la parada del colectivo 39 y los choferes aprovechaban el lugar para hacer un descanso, tomar un café y luego comenzar nuevamente el recorrido. Gracias estas historias Paula comenzó a inspirarse e ilusionarse; se trataba de un lugar que la ciudad no podía perder. Entonces, decidió ponerlo en valor, reabrirlo y readaptar el subsuelo para poder continuar con el legado de la cocina regional que tenía en “El Federal”, su antiguo restaurant.

Su gestión está pronta a cumplir un año, y Montecarlo conserva el espíritu de club de barrio, de lugar de encuentro e inspiración. Incluso, nos comparte su capitana, “hay muchos libros que se gestaron en este lugar y siguen gestándose porque vienen muchos escritores y actores. Algunas tardes se desarrollan talleres literarios”. Como valor agregado llegó la comodidad, una gastronomía más amplia y aggiornada a las formas de comer de hoy y se convirtió también en un lugar para disfrutar shows y espectáculos. Entusiasmada, Paula nos cuenta que “es un lugar donde muchos de nuestros clientes se retiran y dicen “hasta mañana”. Es la primera vez que vivencio algo así, me emociona un montón. La gente toma esto como su casa, es un poco su lugar de pertenencia”


Debajo de Montecarlo, se despliega un universo de posibilidades: hay clases de cocina para locales y extranjeros, degustaciones y catas de vino, menús guiados con temáticas distintas. Todos los servicios se realizan alrededor de la cocina autóctona y ya se venían configurando desde “El Federal”.


En cuanto al futuro de este bar notable, le preguntamos a Paula qué proyectos le gustaría llevar a cabo. “Nos gustaría poder montar algo como “la despensa de Montecarlo”, en donde podamos vender nuestras empanadas, panes y diferentes productos que tenemos a la venta para consumir acá”. También está en los planes de Paula poder armar una serie de videos en donde se cuenten las historias de la gente. “En un momento la llamé “historias de ventana”, gente sentada sobre los marcos de Montecarlo contando relatos que hayan pasado acá. Sé que hay muchísimas anécdotas y todos los días descubrimos algo nuevo gracias a los clientes que vienen y nos cuentan sus testimonios”

En septiembre, Montecarlo cumplirá sus primeros 100 años. Para ese entonces ya estarán terminadas las extensiones de las veredas, y volverán las pérgolas con flores que tenía el planteo original. Además de contar con la asistencia de los vecinos del barrio , los acompañarán el dueño original y su madre. Todos ellos podrán disfrutar de esta joya del paisaje porteño en todo su esplendor.


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